Entre flores, lentejuelas y calaveras elegantes, el show nos envolvió en una tradición mexicana que cruzó fronteras para mezclarse con la música, la nostalgia y mucho, pero mucho brillo. Incluido el de las pantallas del escenario que proyectaban hermosas catrinas y al famoso xolo mexicano. Porque en Rosita el recuerdo también se celebra con alegría, con flores en la cabeza y con ese brillo en el corazón que nunca se apaga.
La noche arrancó con cumbias para calentar motores: desde Juana la Cubana hasta Amor Prohibido, cada canción fue una chispa de energía que encendió la pista. Luego llegó el Doggy y, bueno… hagamos una pausa para recordar ese abdomen que dejó a más de una sin aliento. Aunque, claro, el verdadero calor fue por sus mezclas. Con Dile que bailando te conocí y Una vaina loca nos tuvo a todos deseando que la noche no terminara jamás.
En medio de la fiesta, sonó El Tucanazo y un joven subió al escenario junto a una mujer. Lo que empezó como una ocurrencia se transformó en un baile inolvidable, lleno de energía y sazón. Más tarde supimos que era el cumpleaños de ella y que él era su ahijado. Y así, entre risas y aplausos, todos fuimos parte de una historia. Son justamente esas las experiencias que enriquecen las noches de fiesta en Rosita: las historias que se tejen en cada mesa, las celebraciones que se graban en el corazón, los momentos que sin planearse se vuelven inolvidables.
“No sé qué \enen las flores, Llorona, las flores del camposanto…”
De pronto, entre luces bajas y murmullos, sonó la guitarra que anunciaba La Llorona. Y ahí apareció Rosita, majestuosa, con un look fabuloso y rodeada de catrinas espectaculares. Ves\dos vibrantes, maquillajes impecables y la tenue luz de las velas en sus manos. Fue un instante que heló la piel y calentó el alma al mismo \empo. Había respeto, pero también alegría. Había nostalgia, pero sobre todo vida. Porque eso es Rosita: un recordatorio de que el recuerdo también se celebra, que la muerte no siempre significa ausencia, y que a veces el amor y la música logran que los que ya no están también bailen con nosotros.
La noche siguió con coros de las icónicas e inflamables Me nace del corazón, La gata bajo la lluvia, el nostálgico Ritmo de la noche y complacencias para los cumpleañeros y festejados del lugar. Movimos el esqueleto con La Carcacha, Bandido, Si antes te hubiera conocido, y dejamos a las catrinas fascinadas con nuestras interpretaciones a viva voz de clásicos como Atrévete te te y La calle de las sirenas.
Hasta levantar las sillas, pasada la medianoche, calabaza, calabaza… cada quien para su casa. Eso sí, con la emoción a flor de piel y el recordatorio de que el úl\mo Simplemente Rosita del año será el 28 de noviembre.

El esperado Rosiconvivio se celebrará en el histórico Convento de Santo Domingo, en la zona 1 de la ciudad. Dejaremos atrás las calacas para transformarnos en alegres duendecillos navideños y cerrar el año a lo grande: con música, alegría y la magia inconfundible de la mejor fiesta de Guatemala.
¡Nos vemos pronto, Rositalovers! Y más vale que se hayan portado bien durante todo el año… porque en el Rosiconvivio, quizás nos portemos un poquito mal con los pasos prohibidos.

